Rusia mira al pasado

Autor: Rubén Ruiz Calleja

Rusia y Estados Unidos, Estados líderes de los dos bloques enfrentados durante una época no tan lejana, han intentado durante los últimos años, con la Presidencia de Medvedev y con la Administración Obama, un nuevo comienzo de las relaciones entre ambos países que dé paso a una época de estrecha cooperación, sobre todo en asuntos políticos y de seguridad, que favoreciera a ambas partes. El Presidente Medvedev, sucesor de Vladimir Putin en el Kremlin, cambió tímidamente la retórica nacionalista y hostil hacia los países considerados por Putin enemigos de Rusia para dar paso a un discurso que invitaba a un mayor diálogo entre Rusia y Estados Unidos o Europa. Sin embargo, es posible que tras el esperado anuncio de que Putin será de nuevo candidato a la Presidencia, y por tanto, se convertirá de nuevo en el inquilino del Kremlin, la retórica de Moscú nos llevará a recordar tiempos pasados.

Vladimir Putin

Vladimir Putin, en caso de permanecer en el poder durante otros dos mandatos, su Presidencia llegaría hasta 2023, por lo que sus posibles más de dos décadas en el poder recuerdan a líderes soviéticos cuyos periodos en el Kremlin ascendieron a 18 años en el caso de Leonid Brezhnev, o los 30 años de Josef Stalin.

Tras el fin de la Guerra Fría, Rusia se ha opuesto a políticas o propuestas occidentales de gran importancia, como, por ejemplo, la ampliación de la OTAN o la operación en Yugoslavia. Podríamos interpretar que Estados Unidos ha considerado durante las últimas dos décadas que la posición rusa viene dada por motivos psicológicos, es decir, por la pérdida del poder e influencia tras la desintegración de la Unión Soviética y, por ello, EEUU ha intentado hacer ver a Moscú que Rusia deberá aceptar el sistema internacional que comenzó a cambiar en 1989.

La humillación que sintió la ciudadanía rusa tras la caída de la URSS y el hecho de que Rusia se sienta infravalorada en la actual escena internacional alimentó el discurso nacionalista que llevó a Putin al Kremlin en el año 2000. Sin embargo, no sólo son los motivos psicológicos los que hacen que Rusia lleve a cabo ciertas acciones o mantenga algunas posiciones que causan hostilidad a EEUU o a Europa, sino los intereses nacionales del país. Rusia, tras la caída de la URSS, tiene como uno de sus principales objetivos mantener su influencia en las antiguas repúblicas soviéticas, en su periferia, para protegerse de cualquier amenaza del exterior.

Los mayores desafíos que Estados Unidos percibe en la actualidad (terrorismo, proliferación nuclear, cambio climático), amenazan a cualquier estado. Es evidente la colaboración entre EEUU y Rusia, como en los casos de Afganistán, Irán, Corea del Norte, la renovación del Tratado de Reducción de Armas Estratégicas (START), cambio climático, etc. Sin embargo, en estos casos existen también divergencias, ya que ambos países no cuentan con los mismos intereses.

Los tres objetivos fundamentales que han tomado forma bajo las presidencias de Putin y Medvedev, que representan el interés nacional ruso, son los siguientes: aumentar el crecimiento económico, promover regímenes aliados en antiguos estados soviéticos y la prevención del terrorismo en Rusia.

Catedral de San Basilio, Plaza Roja, Moscú (Rusia)

El establecimiento de gobiernos amigos en su vecindad es una gran prioridad. Aún permanecen 16 millones de rusos en países que pertenecieron a la URSS. Rusia considera, por tanto, una amenaza para su influencia en estos países que se amplíe la OTAN hacia el Este, hacia su vecindad. De ahí se puede entender que el diseño de la política exterior rusa consiste en reimplantar la hegemonía rusa sobre los estados ex-soviéticos.

Para muchos, Rusia ha estado en retirada geopolítica durante los últimos veinte años, ya que ha venido retirando tropas en el exterior y cerrando bases militares. Los recientes esfuerzos de Rusia para ganar influencia entre sus vecinos no han tenido mucho éxito. La Comunidad de Estados Independientes no tiene gran protagonismo, Bielorrusia, dependiente supuestamente de Moscú, no reconoció la independencia de Abjasia y Osetia del Sur tras la intervención rusa en Georgia, y Kirguistán no cerró una base aérea estadounidense, como se animaba desde Moscú. Por tanto, en este objetivo, el Kremlin no espera la ayuda de EEUU, ya que Washington ve los intentos de Moscú de influir en la política exterior e interior de sus vecinos como una violación de su soberanía.

En conclusión, en general Rusia no necesita ni quiere ayuda de EEUU para conseguir sus principales objetivos. Lo que Washington quisiera es que Rusia dejara de interferir en su vecindad, de militarizar los estados fronterizos y de minar la posición rusa en los mercados energéticos. EEUU no debería esperar mucha ayuda de Rusia, porque las prioridades de Washington no son las de Moscú, y aún más, viendo las cada vez más estrechas relaciones económicas con la UE.

La próxima Presidencia de Putin volverá a traer el discurso nacionalista alentando la retórica hostil hacia Occidente. La nueva Rusia de Putin intentará aumentar la influencia rusa en la Bielorrusia de Lukashenko y en la Ucrania de Yanukovich mediante el juego energético. En el Cáucaso Norte, en el caso de un aumento del nacionalismo en la región (por ejemplo, en Chechenia) como oposición a la política nacionalista de Putin, éste reforzaría las medidas como parte de su política antiterrorista pero, a su vez, podrían incrementarse los ataques terroristas como reacción a la política del Kremlin. Además, Rusia no se olvidará de las repúblicas de Asia Central, y mantendrá a líderes afines a Moscú como garantía para la seguridad de las fronteras rusas.

A pesar de todo, Rusia seguirá dependiendo en gran medida de los ingresos de la Unión Europea por el comercio del gas ruso. La cercanía geográfica de la UE y Rusia debería hacer ver a Moscú que es necesaria una mayor cooperación política, económica y de seguridad con la UE. El hecho de que las fronteras de la Unión Europea o de la Alianza Atlántica se acerquen a Rusia no debería verse por parte de Moscú como una amenaza a su soberanía o a sus intereses nacionales, sino como una oportunidad para que la mejora de las relaciones bilaterales refuercen los intereses nacionales de ambas partes.

Las reformas políticas en Rusia no vendrán de la ayuda de EEUU, sino de una mayor cooperación con Europa. Las ventajas geopolíticas de la Unión Europea harán que Rusia se vea obligada a apoyarse en Europa, sobre todo en temas políticos, económicos y de seguridad, y Washington deberá reconocer a Europa como líder en el proceso de transición de Rusia hacia la democracia y de cara a unas nuevas relaciones de Moscú con Occidente.

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Acerca de Rubén Ruiz Calleja

Alumnus of the College of Europe (Natolin) - Marie Skłodowska- Curie Promotion 2011-2012.
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2 respuestas a Rusia mira al pasado

  1. Millan dijo:

    Buen artículo, Rubén. Pero, ¿crees que la UE tiene un verdadero poder sobre Rusia? O es Rusia la que lo tiene sobre la UE. Es cierto que Rusia necesita el dinero europeo, pero también es cierto que Europa sin el gas ruso (al menos la Europa central, nosotros tenemos a Libia y Nigeria) no puede vivir. Además, Rusia siempre puede mirar hacia el Sur, un camino poco explorado, en vez de hacia el Oeste, y mantener relaciones con potencias como China, que quizá tiene con intereses más comunes con Putin que los de la UE. ¿Cómo lo ves?

  2. Rubén Ruiz dijo:

    La Unión Europea, si actúa unida, tiene bastante peso para influir sobre las políticas de Rusia. ¿Por qué Rusia ha pedido, por tanto, la liberalización de visados para la UE? Es Europa la que tiene la capacidad de decidir sobre el asunto.

    En temas de seguridad, la UE, junto con Estados Unidos, forman los dos pilares fundamentales de la OTAN. Rusia tan sólo participa en el Consejo OTAN-Rusia, que avanza muy lentamente, además de en la OSCE, una organización que ha quedado hoy en día como mera organización de cooperación sin demasiado protagonismo en la escena internacional. Por ello está permanentemente en el discurso de Moscú su nueva propuesta de seguridad para Europa, porque necesita contar con Europa para adquirir un mayor protagonismo en temas de seguridad.

    En términos económicos, es cierto que hay una interdependencia en cuanto a la energía, pero es la UE la que tiene, actualmente, parece tener un mayor margen de maniobra: la mitad del comercio europeo se realiza con Rusia, el 75% de la inversión rusa proviene de la UE y más del 90% de las exportaciones rusas de energía van a parar a Europa. Es importante el gas de Rusia, pero no es único al que puede recurrir Europa (sobre todo Europa central y oriental). El proyecto del gaseoducto Nabucco pretende importar gas desde el Caspio, a través del Cáucaso Sur y Turquía, hasta la UE, evitando, así, su paso por territorio ruso, por no hablar de otros países a los que Europa podría recurrir en un futuro, como Irán, o un aumento de producción de países africanos. ¿Podría recurrir Rusia, entonces, a una mayor cooperación con sus vecinos del sur? No veo muchas posibilidades de una mejora de las relaciones o de la influencia rusa tanto en las repúblicas centroasiáticas como en China. Han fracasado los intentos rusos de una mayor cooperación con las repúblicas ex-soviéticas (Comunidad de Estados Independientes, Comunidad Económica Euroasiática) y no avanzan las negociaciones ruso-chinas para firmar acuerdos de comercio de gas ruso a China por los elevados costes que pide Moscú.

    Por tanto, el aumento de la “agresividad” con la que Rusia se muestre de cara a sus vecinos, no hará más que ver la incapacidad por influir en el futuro de éstos.

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