9 de mayo: el Día de todos los Europeos

Autor: Rubén Ruiz Calleja

Hoy celebramos el Día de Europa, el aniversario de la famosa Declaración redactada por Jean Monnet y pronunciada por Robert Schuman el 9 de mayo de 1950, que estableció los cimientos que dieron comienzo al proceso de construcción europea, que llega hasta nuestros días y que debemos continuar y perfeccionar en cada momento. De seis países fundadores, hemos pasado a una Unión Europea de 27 Estados y de 500 millones de ciudadanos.

Estados miembros de la UE

El proceso de construcción europea es la historia de la idea de una Europa unida, la idea de unir más lo que ya somos, una comunidad de culturas. Hemos compartido y compartimos no sólo un pensamiento político homogéneo, sino también importantes movimientos artísticos y literarios, raíces jurídicas, una tradición humanista y creencias religiosas comunes, que representan la base de nuestra cultura. Además, el continente europeo ha sido escenario de grandes guerras fraticidas, lo que ha hecho que, tras la guerra más importante de la historia, la Segunda Guerra Mundial, haya surgido un deseo de no volver a la lucha entre pueblos condenados a un futuro en común, y de mantener la paz y la solidaridad entre los ciudadanos del Viejo Continente.

En la Edad Media, nostálgicos del Imperio Romano, donde convivían una lengua y una religión común, surgió un deseo de Cristiandad medieval organizada, una forma de intentar uniformizar de nuevo el continente, tal y como se puede observar en los proyectos de Pierre Dubois hacia 1306 y de Raimundo Lulio (1232-1314). De ahí que Antonio Truyol y Serra sitúe el origen del europeísmo y su esencia en la Edad Media.

Posteriormente, Immanuel Kant y Henri de Saint-Simon en el siglo XVIII y Charles Lemonnier, Augusto Comte o Victor Hugo en el siglo XIX fueron defensores de una organización europea y una mayor unidad.

Declaración Schuman (9 mayo 1950)

Ya en el siglo XX, durante el período de entreguerras, manifiestos federalistas y paneuropeístas como los de Richard Nikolaus Graf von Coudenhove-Kalergi, y propuestas con una mayor trascendencia política como la de Aristides Briand, hicieron ver más cerca esa idea de unión europea que se destruiría, por un tiempo, durante la Segunda Guerra Mundial. Tras la guerra, el Plan Marshall hizo que surgiera entre los europeos un deseo de cooperar económicamente para superar la situación en la que se encontraban.

La Declaración Schuman, cuyo 62º aniversario conmemoramos hoy, sentó las bases del Tratado de París, firmado en 1951 por Francia, Alemania, Italia, Países Bajos, Bélgica y Luxemburgo, por el que se creó la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA). Estos mismos estados serían los mismos que firmaron en 1957 los Tratados de Roma, por los que se fundaron la Comunidad Económica Europea (CEE) y la Comunidad Europea de la Energía Atómica (CEEA o Euratom). Desde entonces, se han realizado importantes reformas de los Tratados, como el Acta Única Europea, o las reformas llevadas a cabo en Maastricht, Ámsterdam, Niza y Lisboa.

Como escribió Herman Van Rompuy, Presidente del Consejo Europeo, dos importantes retos para el futuro próximo de la Unión Europea son “garantizar el bienestar de nuestros ciudadanos y hacer llegar nuestra prosperidad y estabilidad al resto del mundo, empezando por nuestros vecinos”. La UE necesita, para ello, consolidar una política exterior propiamente europea, centrándose en establecer una política de vecindad creíble, tanto en el Este como en el Sur. Contamos para esta finalidad con el mejor instrumento: un Servicio Europeo de Acción Exterior.

Unidos en la diversidad

La Unión Europea es la primera potencia comercial del mundo, el primer donante de ayuda exterior y el segundo en cuanto a capacidad militar. Hemos conseguido crear un mercado común, la libre circulación de personas, bienes, servicios y capitales, y hoy contamos con una moneda única, entre otros muchos éxitos. Sin embargo, debemos seguir avanzando como europeos, sin perder las identidades nacionales, que son la riqueza cultural de Europa, pero enmarcándolas en una identidad europea que todos compartimos. Sabemos de dónde venimos, y éste es el momento de pensar y de decidir hacia dónde caminamos. Si el fin no es sólo una unión económica, sino también la unión política, avancemos sin miedo hacia una mayor integración con la que muchos soñamos. Persigamos el sueño de una Europa unida, el sueño de la unión de naciones bajo una sola bandera, el sueño de compartir principios y valores como la democracia, la justicia y la libertad. Como dijo Schuman en 1950, “Europa no se hará de una vez, ni por medio de una construcción de conjunto; será el fruto de realizaciones concretas, creando primero una solidaridad de hecho”. Persigamos, por tanto, ese sueño, el sueño de la Unión Europea.

Acerca de Rubén Ruiz Calleja

Alumnus of the College of Europe (Natolin) - Marie Skłodowska- Curie Promotion 2011-2012.
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