El liderazgo de China en el siglo XXI en entredicho

Autor: Rubén Ruiz Calleja

El crecimiento económico de China ha hecho de este país un actor en la escena internacional con el que hay que contar en las grandes decisiones globales. Su cada vez más activa política exterior con la que proteger sus intereses estratégicos, y su creciente participación en organismos y foros internacionales, son prueba de ello. En materia económica, el PIB chino ha venido creciendo durante las últimas tres décadas alrededor del 10% y según algunas previsiones, si mantuviera un crecimiento similar, podría superar el PIB de Estados Unidos antes de 2030[1]. Sin embargo, convertirse en líder mundial, en el Hegemon, no será fácil para Pekín por numerosas razones.

Shanghai (China) – Centro financiero internacional

No se puede entender el futuro de la economía china sin hacer referencia anteriormente a las tendencias demográficas del estado más habitado del mundo. Según algunas previsiones, China seguirá viendo crecer su población hasta alrededor de 2025 y disminuiría a partir de 2030[2]. Por tanto, a mitad de este siglo nos encontraríamos con una China envejecida con alrededor de un tercio de la población mayor de 60 años, con las consecuencias negativas que ello conlleva de cara a la capacidad de trabajo de la población. La tasa de dependencia, por tanto, aumentará a partir de 2015. Además, hay que destacar el hecho de que el 41,8 % de la población china es urbana[3] y, junto con los anteriores factores, se puede deducir que habrá menos población en edad de trabajar, habrá menos inversión y, por tanto, menos crecimiento. Como consecuencia de todo ello, China podría convertirse en un país envejecido antes de ser rico, lo que no viene siendo común en la mayoría de los casos. Como puede observarse, la demografía es fundamental para entender el futuro crecimiento económico chino, con consecuencias económicas claras. La creciente demanda de energía y de materias primas aumentará de tal forma que podría no ser sostenible.

El exceso de ahorro chino y de inversión es un inconveniente para el crecimiento de la economía china. Además, su sector bancario es ineficiente y su sistema legal está escasamente desarrollado. De la misma manera, la distribución de la renta está desigualmente repartida de forma considerable y la corrupción es evidente, lo que afecta negativamente al futuro económico chino.

Alta densidad de población en China

Más preocupantes para China, debido a la dificultad de cambio, son algunos factores estructurales como los que se van a analizar a continuación. Comenzando por el envejecimiento de la población, al que ya se ha hecho referencia anteriormente, hay que señalar que la política del hijo único ha tenido consecuencias negativas para la sostenibilidad del futuro económico de cara a la dependencia de aquéllos que han superado la edad laboral ante una tasa cada vez menor de población joven. Además, en cuanto a la mano de obra, existen importantes barreras a la movilidad geográfica y sectorial. China es un país con excesiva industrialización y un sector servicios algo descuidado, y su sistema judicial no es moderno ni cuenta con derechos de propiedad intelectual, lo que afecta considerablemente a la inversión extranjera y a las exportaciones. China depende excesivamente del capital extranjero y en caso de cambiar determinadas estrategias de localización internacional de empresas multinacionales, China se vería fuertemente afectada.

El fuerte crecimiento demográfico actual está provocando un aumento de la demanda energética y continuará creciendo. Al mismo tiempo, la dependencia de la energía se incrementará, igualmente. La demanda de petróleo en 2005 fue de 6,78 millones de barriles diarios (mbd)[4], y se prevé que, para 2015, se incremente entre 10,5 mbd (atendiendo a estimaciones de la Agencia Internacional de la Energía) y 13,6 mbd (según Barclays Capital)[5]. Está previsto que para 2030, China deberá importar el 80% del petróleo que consumirá, ya que su producción nacional disminuirá entre 2015 y 2030[6]. La escasez de agua también es una realidad en China, junto con el deterioro del medio ambiente por su contaminación. Hay que tener en cuenta que Xinjiang y Tíbet, las áreas más inestables políticamente para Pekín, son territorios fundamentales para la extracción de petróleo y agua, respectivamente, por lo que el gobierno de la República Popular seguirá negándose a dar pasos hacia una mayor autonomía de ambas áreas, a lo que su población reaccionará.

Renmimbi – Divisa china

La ausencia de democracia en el país no parece suponer una amenaza importante para el régimen mientras se mantenga el crecimiento económico. Sin embargo, un cambio de las tendencias económicas debido, por ejemplo, a la excesiva concesión de créditos no productivos con la consecuencia de una crisis bancaria, o bien por la falta de mano de obra cualificada y una clase media afectada por la crisis, será de tal envergadura que exigirá un cambio del statu quo, realizando reformas no sólo económicas sino también políticas. Por tanto, desde Pekín se verá con miedo una crisis de tales dimensiones, ya que el poder central estaría en peligro. El discurso nacionalista intentaría mantener unido al país, pero el interés económico de las regiones costeras ricas provocará el efecto contrario. Éstas se intentarán deshacer del centralismo del estado para beneficiarse del comercio y de las inversiones de países extranjeros. El bienestar económico de las capitales financieras chinas será la base para que éstas se acerquen a los centros financieros internacionales más que a su propia capital.

En resumen, el fuerte crecimiento actual de la economía china no garantiza que vaya a continuar de la misma manera durante las próximas décadas. Al contrario, razones socioeconómicas, políticas y demográficas indican que no es difícil que se produzca una crisis económica en este gigante asiático, y ésta provocaría una profunda crisis política y social donde el poder económico de las regiones y de las ciudades de la costa aumentaría, en detrimento del poder central. El crecimiento económico no dura para siempre. El mundo de la década de los ochenta consideraba a Japón como la futura primera potencia mundial, pero, de repente, entró en una crisis de la que todavía sufre las consecuencias y no se ha recuperado. Muchos ven hoy en la China de comienzos del siglo XXI el Japón de los ochenta. Está claro que ni la historia, ni la situación geopolítica o geoeconómica actual ni sus socios estratégicos son los mismos, pero sí que las causas de la crisis japonesa podrían ser similares a las que afectarían a China. Una economía basada en las exportaciones de bajo coste podría no ser rentable a largo plazo, además de que no refuerza la economía. Una recesión en Estados Unidos podría desatar la crisis en China. Por tanto, aunque este país sea un actor internacional con el que será necesario seguir contando en el futuro, la incertidumbre sobre la que se asienta la economía china, hace de este país una potencia con pocas posibilidades de liderar el siglo XXI.

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Referencias:

[1] WILSON, Dominic / PURUSHOTHAMAN, Roopa, Dreaming with BRICs: The Path to 2050, Global Economic Paper No:99, Goldman Sachs, Octubre 2003, p.6.

Disponible en: http://www.goldmansachs.com/our-thinking/topics/brics/brics-reports-pdfs/brics-dream.pdf

[2] UNITED NATIONS, Department of Economic and Social Affairs. Population Division, Population Estimates and Projections Section: Country Profile: China. p.3. Disponible en: http://esa.un.org/unpd/wpp/country-profiles/pdf/156.pdf

[4] BUSTELO, Pablo, El auge económico de China e India y sus implicaciones para España, DT 31/2007, en “Real Instituto Elcano”, 4 julio 2007.

 

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Acerca de Rubén Ruiz Calleja

Alumnus of the College of Europe (Natolin) - Marie Skłodowska- Curie Promotion 2011-2012.
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