¿Es Irán una amenaza o una oportunidad para la Unión Europea?

Autor: Rubén Ruiz Calleja

Irán está situado en un lugar geoestratégico, bañado por el Mar Caspio en el norte y por el Golfo Pérsico en el sur, y que conecta regiones conflictivas, como Irak al oeste y Afganistán y Pakistán en el este. El hecho de actuar como cruce de caminos y de contar con algunas de las mayores reservas energéticas mundiales, convierte a Irán en un área geoestratégica de particular interés para la Unión Europea y, en general, para las grandes potencias, pero también puede ser causa de riesgos y de amenazas para la seguridad occidental.

No es un secreto que uno de los principales objetivos políticos de Irán es ser reconocido como potencia regional en Oriente Medio. Sin embargo, en tal fin choca con los intereses de Arabia Saudí, socio energético de Estados Unidos, que no permitirá que Teherán se convierta en líder regional. Podríamos afirmar que Arabia Saudí e Irán mantienen su propia “guerra fría” en Oriente Medio. Irán cuenta con el apoyo de Siria y de algunos chiítas de Irak, así como el de China y Rusia. En cambio, Estados Unidos y los países árabes apoyan a Riad. Por tanto, puede verse que existe un equilibrio de poder en la región.

Torre Azadi, Teherán (Irán)

La energía y la seguridad son las causas de este equilibrio de poder en Oriente Medio. Irán aumentó su influencia en la región tras la caída de Sadam Husein en Irak, pero verá disminuir su poder con el fin del régimen de Bashar Al-Assad en Siria. Por lo tanto, Hezbollah y Hamás lo tendrán más difícil para prestar su apoyo a Irán, y el gobierno de Mahmud Ahmadinejad se verá más presionado. En términos energéticos, hay que destacar que Irán cuenta con las terceras mayores reservas de petróleo del mundo y con las segundas de gas. Además, este país representa el segundo mayor exportador de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP)[1].

El objetivo de la Unión Europea es llegar a un acuerdo negociado que restaure la confianza internacional en el programa nuclear iraní exclusivo para fines pacíficos, respetando el derecho de este país al uso pacífico de la energía nuclear bajo el Tratado de No Proliferación (TNP)[2]. Frente al programa de enriquecimiento de uranio de Irán, la UE ha impuesto a este país un embargo de armas, de materiales nucleares, restricciones en las transferencias financieras y, más recientemente, un embargo de las importaciones al petróleo de Irán, además de la congelación de los bienes del banco central iraní dentro de la UE[3].

Ormuz: un estrecho geoestratégico

Durante los últimos meses hemos sido testigos de numerosas declaraciones por parte de autoridades iraníes en las que afirman que tienen la intención de cerrar el estrecho de Ormuz como respuesta, entre otras cosas, a las sanciones y al embargo de petróleo que se ha impuesto a Irán desde Bruselas.

Los 17 millones de barriles diarios de petróleo que cruzaron este estrecho durante 2011, representando el 35% del comercio de crudo por mar, hacen de Ormuz el estrecho más transitado del mundo con este fin comercial. Las consecuencias de un hipotético cierre del estrecho serían significativas para los compradores de petróleo iraní, ya que deberían adoptarse nuevas alternativas, que serían más largas y costosas. La Unión Europea es consciente de la importancia de las relaciones energéticas con Irán, ya que la Unión representa el principal socio comercial de Irán, al importar el equivalente a 14.5 billones de euros y exportar 11.3[4]. El Estrecho de Ormuz no sólo es de importancia para Europa y para Estados Unidos, sino también para países orientales, como China, Japón, India y Corea del Sur. Incluso Pekín, a pesar de las excelentes relaciones comerciales con Teherán comprende que podría ser un riesgo basarse sólo en el petróleo iraní si este país cierra Ormuz.

Estrecho de Ormuz

Aunque Irán amenaza al exterior con el cierre del estrecho de Ormuz como respuesta a las sanciones occidentales, esta amenaza debería entenderse, más bien, en clave interna, es decir, como un mensaje al pueblo iraní. Teherán necesita el apoyo de sus ciudadanos y sabe que la forma más efectiva de llegar al pueblo es oponiéndose a toda clase de acción que provenga desde Europa y, sobre todo, de Estados Unidos. Todos los mensajes, por tanto, de los líderes iraníes al pueblo tienen como fin recibir su apoyo demonizando al “enemigo”.

Uno de los mayores problemas al que habría que enfrentarse en el caso del cierre del estrecho de Ormuz es el hecho de que, hoy en día, no hay rutas alternativas para mantener el abastecimiento de los mercados. Aunque no con la capacidad suficiente, en el hipotético caso del cierre de Ormuz, podrían utilizarse los oleoductos de Arabia Saudí, Irak – Turquía, o Arabia Saudí – Líbano, pero sería el oleoducto que se está construyendo a través de los Emiratos Árabes Unidos la opción más barata y rápida[5]. Sin embargo, algunos conflictos que tienen lugar en tales áreas harían difícil su uso garantizando, al mismo tiempo, su seguridad. Además, aunque el Canal de Suez podría ser, igualmente, una alternativa, el estrecho de Bab el-Mandeb, entre Yemen y Somalia, presentaría bastantes dificultades para garantizar la seguridad ante los actos de piratería que se están produciendo en la zona.

No son nuevas las ambiciones de Teherán. Los iraníes saben el poder que les da controlar el estrecho de Ormuz. En 1992, Irán ocupó tres islas situadas en el estrecho (Tung as Sughra, Tunb al Kubra y Abu Musa)[6] para mejorar su control sobre Ormuz, hecho que puede ser considerado por el resto de países del Golfo como una provocación, ya que no sólo puede controlar, de esta manera, la totalidad del comercio que pasa por Ormuz, sino que le facilitaría un hipotético despliegue de su armada. Tras las constantes amenazas iraníes con cerrar el estrecho, Estados Unidos duplicó sus tropas en el área, lo que da credibilidad a una respuesta estadounidense a posibles acciones iraníes[7].

Posibles escenarios

Irán está tratando de predecir las reacciones de un hipotético cierre de Ormuz. Teherán es consciente de la superioridad militar de Estados Unidos, razón por la que no entra en un conflicto militar con Washington. En caso de ataque, los apoyos externos podrían depender de quién comienza con las primeras acciones militares. Si es Irán quien diera comienzo al hipotético conflicto, los estados occidentales tendrían claramente el apoyo de los países árabes y del Golfo, liderados por Arabia Saudí, país que no desaprovecharía ninguna oportunidad para eliminar toda competencia que pueda provenir desde el país persa para conquistar la hegemonía en la región. Sin embargo, las posibilidades de dicho apoyo podrían quedar reducidas en caso de ser tropas occidentales las primeras en atacar, ya que la legitimidad para llevar a cabo dicha intervención no estaría tan clara. En tal caso, es probable que estos estados mantuvieran, aparentemente, una posición neutral, aunque concedieran ayuda indirecta (bases militares, información, etc.). Además, para el gobierno iraní sería fácil obtener rápidamente el apoyo de su población si son ellos los que sufrieran el primer ataque, ya que se alegaría el derecho a defensa propia ante un ataque externo.

Irán: segundo mayor exportador de la OPEP y terceras mayores reservas de petróleo del mundo

A pesar de todo, no es probable que Irán cierre el estrecho de Ormuz debido a las consecuencias económicas que tendría para el propio país. Desde la década de 1980, Irán viene amenazando con su posible cierre. A pesar de que Irán cuenta actualmente con mejores capacidades militares que hace tres décadas, no tiene ninguna posibilidad real de competir militarmente con las fuerzas armadas de Estados Unidos ni, mucho menos, de la OTAN.

La posición que mantiene Irán no favorece en absoluto el establecimiento de unas buenas relaciones con Teherán. Entre las principales potencias mundiales, tan sólo Rusia y China mantienen relaciones políticas y comerciales significativas con la República Islámica. Desde las elecciones presidenciales iraníes de 2009, cuyos resultados fueron considerados fraudulentos, se ha reprimido todo intento de protesta contra el gobierno. El actual presidente de la República, Mahmud Ahmadinejad, y el Líder Supremo, el ayatolá Ali Jamenei, están obligados a utilizar una retórica agresiva hacia su enemigo principal, “Occidente”, si quieren mantener su legitimidad ante el pueblo. Irán, durante su historia reciente, después de la revolución de 1979, ha intentado encontrar un equilibrio entre dos tendencias políticas: por un lado, los ideales del ayatolá Jomeini, y por otro, el pragmatismo y la necesidad de interactuar con otras potencias de la región, buscando aumentar su influencia regional para convertirse en líder de Oriente Medio.

Carrera nuclear

La prioridad política de Irán es continuar con el proceso de enriquecimiento de uranio con el fin de tener acceso a la energía nuclear y, con esta tecnología nuclear, poder, en cualquier momento, disponer de la capacidad de fabricar un arma nuclear con el objetivo de sentirse respetado ante la comunidad internacional. Encontramos, pues, razones psicológicas y de seguridad para llegar a tal fin. El complejo de inferioridad de Irán le hace sentir la urgente necesidad de dotarse de dicha tecnología para conseguir el respeto y el reconocimiento como potencia nuclear. Para ello, Irán necesita sentirse seguro, y un arma nuclear significa contar con el poder de disuasión hacia amenazas externas.

Tener la política nuclear como prioridad le está causando a Irán descuidar la situación económica del país. Irán se verá obligado a realizar reformas económicas con el fin de luchar contra el alto nivel de desempleo que sufren los iraníes. Sin la ayuda de las inversiones de países occidentales, Irán no será capaz de salir por sí solo de la crisis. No bastan las inversiones rusas y chinas para Irán, un país con gran potencial de cara al futuro. Gracias a las reservas energéticas con la que cuenta y a través de unas relaciones estrechas con Estados Unidos y, especialmente por su cercanía geográfica, con la Unión Europea, Irán podría ser uno de los países más ricos del mundo y con los niveles más altos de desarrollo.

En conclusión, cuando Irán coopere con la Unión Europea, entre otras potencias, ante asuntos internacionales que afectan a toda la comunidad internacional, Irán dejará de ser considerado una amenaza para Occidente y será visto como una oportunidad a la que la Unión Europea no deberá dejar pasar por alto para llegar a futuros acuerdos energéticos. La diversificación de suministro energético es uno de los objetivos de la política energética de la UE. Rusia es un importante socio en esta materia, pero son posibles otras alternativas. Irán podría ser, por tanto, una de esas alternativas. La UE deberá pensar en Irán de cara al futuro. El proyecto Nabucco, cuyo gasoducto nacerá en el Mar Caspio, podría tener uno de sus puntos de origen en Irán, y no sólo en Turkmenistán o Azerbaiyán. Por lo tanto, con las acciones y reformas necesarias desde Teherán, Irán podrá convertirse en un importante socio para la Unión Europea.

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Referencias:

[1] Villarino, C., Un mundo en cambio, Icaria Editorial, noviembre 2009, Barcelona (España), p. 192.

[2] Consejo de la Unión Europea, FACTSHEET – The European Union and Iran, Bruselas, 30 enero 2012. Disponible en: http://www.consilium.europa.eu/uedocs/cms_data/docs/pressdata/EN/foraff/127511.pdf . Consultado el 16.09.2012.

[3] Ibid.

[4] U.S. Energy Information Administration, World Oil Transit Chokepoints, 20.12. 2011. Disponible en: http://205.254.135.7/countries/regions-topics.cfm?fips=WOTC Consultado el 16.09.2012.

[5] Arteaga, F., Escribano, G., Irán y el cierre del Estrecho de Ormuz: analizando los riesgos militares y energéticos, ARI 5/2012, Real Instituto Elcano, 23.01. 2012, Madrid (España).

[6] Ibid.

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Acerca de Rubén Ruiz Calleja

Alumnus of the College of Europe (Natolin) - Marie Skłodowska- Curie Promotion 2011-2012.
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