Geopolítica de Asia Central

Autor: Rubén Ruiz Calleja

Con una superficie casi equiparable a la de la Unión Europea, este conjunto de Estados de Asia Central (Kazajstán, Uzbekistán, Turkmenistán, Kirguistán y Tayikistán) ha sido y sigue siendo el punto de mira de grandes potencias que se disputan el control de esta región estratégica. Estados Unidos, Rusia, China y la Unión Europea, entre otros, intentan conseguir una mayor influencia sobre la región para defender sus intereses estratégicos.

Asia Central: enclave geopolítico entre grandes potencias

Estados Unidos no puede descuidar una región que le resulta de utilidad en la guerra de Afganistán. Rusia, a su vez, tras la caída de la Unión Soviética y, con ello, la pérdida de estas repúblicas, intenta de alguna manera, sin embargo, mantener la influencia en la región. China, a pesar del potencial que representa y, por tanto, la oportunidad para estas repúblicas exsoviéticas, no es vista con la suficiente confianza como para estrechar una alianza con este “gigante asiático” y dar la espalda a otros proyectos. La Unión Europea, a pesar de que no ha contemplado Asia Central como una prioridad, tanto la ampliación como la política europea de vecindad han hecho que la UE mire cada vez más atentamente a esta región capaz de brindarle numerosas oportunidades.

El interés que Asia Central representa para Estados Unidos viene dado por el suministro de tropas presentes en Afganistán. Este conflicto ha remplazado otros objetivos que tenía en la región antes de este conflicto, como son el fomento de la democracia, la cooperación energética y la seguridad interna. Con la retirada de las tropas estadounidenses de Afganistán, la importancia que tiene esta región para Washington disminuirá. Por tanto, el interés económico no es para Estados Unidos tan alto como el político y militar. Tampoco es previsible un aumento de la actividad de empresas estadounidenses en Asia Central; ya existe el oleoducto a través del Mar Caspio y del Cáucaso hasta el Mar Negro o Turquía, aunque sólo para petróleo; y el proyecto a través de Afganistán y Pakistán no se ha construido y no es probable que se construya pronto. Kazajstán, Turkmenistán y Uzbekistán cuentan con sustanciales reservas de hidrocarburos, pero no tan abundantes y tan fáciles de explotar como se pensaba hace dos décadas. Esto, además de la ausencia de buenas rutas de transporte que faciliten la cooperación en otros sectores de la economía, hace que se reduzca el interés estadounidense por Asia Central. No obstante, un intento de Rusia o China de aumentar su poder en Asia Central podría presionar a Estados Unidos a no dejar decaer su influencia para contrarrestar la presión realizada desde Moscú o Pekín. Estados Unidos, en términos geopolíticos, no puede permitirse disminuir el poder y, mucho menos, permitir una mayor influencia rusa o china en una región desde donde operar contra los talibán en Afganistán o Pakistán, y desde la que permanecer alerta a cualquier movimiento que se pueda llevar a cabo con respecto a Irán.

Rusia no está teniendo éxito en sus intentos de recuperar la influencia perdida en Asia Central tras la disolución de la URSS. Cerrar el mercado laboral a los ciudadanos de estos países, como lo ha hecho desde el comienzo de la crisis económica en 2008, no ha sido una estrategia positiva para Rusia, un país con unas graves tendencias demográficas. A pesar de que los vínculos económicos entre las antiguas repúblicas soviéticas se mantienen, es visible el fracaso de iniciativas de integración como la Comunidad de Estados Independientes o la Comunidad Económica Euroasiática cuando observamos que no se consiguió llegar a una posición común entre los miembros de la CEI respecto de la guerra en Georgia en 2008 y se rechazó el reconocimiento de Abjasia y de Osetia del Sur tras presionar Rusia a los países de su vecindad a que, siguiente el ejemplo de Moscú, reconocieran su independencia. Es evidente, pues, que Rusia no puede influir de forma efectiva en las políticas de los países centroasiáticos. A través de la lengua rusa, Moscú podría, en principio, utilizar su “poder blando” sobre los países de Asia Central, pero se está percibiendo actualmente una disminución del uso de este idioma, como en Kazajstán y Kirguistán. Cabe destacar que, incluso en algunos Estados centroasiáticos, como Tayikistán, las autoridades tienen el objetivo de eliminar la lengua rusa de la vida pública.

La apertura de gasoductos y oleoductos desde Kazajstán y Turkmenistán ha mejorado la posición de China en la región, aunque esto no se traducirá en un aumento de la influencia de Pekín en Asia Central. A pesar de que los dirigentes de los Estados centroasiáticos realizan numerosos negocios con China, éstos se quedan en el plano económico, sin aumentar la presencia política de Pekín en Asia Central, una región que ve a China más como una potencia con la que contrarrestar el poder ruso, que como un aliado en el que confiar de cara al futuro. No es fácil la situación en la que se encuentran las élites gobernantes de estas antiguas repúblicas soviéticas con respecto a China. Ampliar los negocios con China conlleva el riesgo de depender demasiado de este “gigante”. En cambio, rechazar una cooperación más estrecha con China podría suponer perder importantes oportunidades para estos países. Asia Central, debido a su situación geoestratégica, tiene la facilidad de llegar a acuerdos con varias potencias de su vecindad, y es éste un mensaje que estas repúblicas envían a China: Asia Central puede sobrevivir sin Pekín. Como ejemplo, a la apertura del gaseoducto Turkmenistán-China le siguió la reanudación del suministro de gas a Rusia. Además, se abrió nueva conexión hacia Irán.

Turquía, Irán, Pakistán e India son algunas potencias que podrían jugar un importante papel en Asia Central, aunque hasta el momento carecen de visibilidad. Tras grandes expectativas en la década de 1990 con el fin de una más estrecha cooperación entre Turquía y Asia Central, y a pesar de las relaciones económicas significativas, no es fácil que tengan éxito iniciativas políticas que abarquen a todos los pueblos túrquicos. En el caso de Irán, mientras Teherán siga aislada en términos diplomáticos por la mayor parte de la comunidad internacional, a pesar de su gran potencial, no conviene a los Estados centroasiáticos emprender una estrecha cooperación con Teherán. En el caso de Pakistán e India, es posible que tras la guerra en Afganistán, y con una región más estable, estas dos grandes potencias enfrentadas entre sí podrían contemplar a Asia Central como escenario de oportunidades.

Tashkent (Uzbekistán)

Para la Unión Europea, la cooperación regional con Asia Central es un objetivo estratégico. La seguridad y la estabilidad de la región son fundamentales si tenemos en cuenta que en esta zona existen aparatos nucleares, conflictos que siguen sin resolver y donde operan redes de delincuencia internacional. Por otra parte, para la UE puede ser de gran utilidad contar con acuerdos para suministrar parte de sus recursos energéticos. Sin embargo, no todos los países miembros, a nivel nacional, tienen esta región como una prioridad. Tan sólo un tercio de los socios europeos tiene especial interés por los estados centroasiáticos. Además, en la Unión Europea existen posturas diferentes entre los Estados en lo que concierne a la relación con Rusia y sus vecinos, a China o a la política a seguir respecto de Afganistán.

¿Cómo puede la Unión Europea acercarse, por tanto, a Asia Central? Es importante el atractivo mercado que la UE supone para estas repúblicas centroasiáticas, así como el capital y el “poder blando”. No existe una visión unitaria de la Unión Europea por parte de los países de Asia Central. Para los países pobres, como Tayikistán, la UE tan sólo representa un donante de ayuda. Para los países ricos y fuertes, sin embargo, como Kazajstán, la Europa se presenta como un comprador de recursos energéticos y un atractivo inversor. Por tanto, la Unión Europea tiene que buscar cuáles son los incentivos que puede ofrecer a Asia Central para poder acercarse a esta región y para poder defender los intereses geoestratégicos en esta importante zona. Europa no podrá competir con Rusia en el poder cultural, ya que el dominio cultural ruso se impone en la región. Tampoco podrá superar el volumen chino de inversiones ni alcanzar los instrumentos estadounidenses para garantizar la seguridad en la región. Por lo tanto, la Unión Europea deberá buscar otros aspectos que puedan ser efectivos en su estrategia de aproximación a Asia Central. La UE puede proveer asistencia técnica e institucional en áreas como el apoyo a las redes de trasportes y de energía, en su integración en el mercado internacional, en la gestión del medioambiente y, en concreto, del agua; en la eficiencia energética, control de las fronteras migraciones, lucha contra la delincuencia organizada y aduanas; intercambios educativos; promoción de la pequeña y mediana empresa, y lucha contra la corrupción.

La Unión Europea, si quiere ser reconocida como actor global, no debe descuidar ningún pivote geopolítico del mundo, y Asia Central es uno de ellos.

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Fuente de las imágenes:

http://www.zonu.com/detail/2009-11-18-11172/Mapa-Politico-de-Asia-Central-.html

http://www.fride.org/publicacion/1034/diez-tareas-para-la-nueva-representante-especial-de-la-ue-para-asia-central

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Acerca de Rubén Ruiz Calleja

Alumnus of the College of Europe (Natolin) - Marie Skłodowska- Curie Promotion 2011-2012.
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