El nuevo europeísmo polaco

Autor: Rubén Ruiz Calleja

El año 2004 será siempre recordado en Polonia como el momento en el que esta nación se reconcilió con su historia. Su adhesión a la Unión Europea significa la reintegración de Polonia en el continente europeo. Polonia, a lo largo de los siglos, ha pasado de ser la nación más grande Europa en el siglo XVI durante la “República de las Dos Naciones”, formada por el Reino de Polonia y el Gran Ducado de Lituania, a ser borrada del mapa en el siglo XX. El siglo XXI ha devuelto a Polonia el lugar que corresponde a esta nación en Europa, un continente que no podía avanzar sin una ampliación hacia lo que siempre ha sido Europa. Hoy, Polonia se ha convertido en uno de los Estados más europeístas de la Unión, con voluntad de incorporarse a la Eurozona y con una importante proyección de cara a la vecindad oriental de la UE.

Solidarność (“Solidaridad”), elecciones del 4 de junio de 1989

El sindicato “Solidaridad” (Solidarność), fundado en 1980 y liderado por Lech Wałęsa, guió a Polonia en el camino de la transición hacia las libertades democráticas y el libre mercado, con el apoyo de los Estados occidentales y de la Iglesia católica. La lucha de Solidarność contra el gobierno comunista transcurrió hasta 1989, fecha en la que este movimiento ganó las elecciones parlamentarias. Un año después, Lech Wałęsa, candidato de Solidarność, fue el elegido por el pueblo polaco para presidir el país. Desde ese momento, los polacos vieron ante ellos el camino hacia la democracia, a la economía de mercado, y al acceso a los derechos y libertades fundamentales que eran defendidos en la Europa occidental, tras décadas de opresión y falta de libertades. Varsovia dirigía su mirada hacia Occidente para ver allí reflejado el modelo de desarrollo que anhelaba y cuyo fin perseguiría sin descanso. 1991 fue el año en el que comenzó ese acercamiento polaco a las estructuras euro-atlánticas: el Pacto de Varsovia y el Consejo de Ayuda Mutua Económica (COMECON) se disolvieron, y unos meses más tarde Polonia ingresó en el Consejo de Europa. En 1996 se adhirió a la Organización de Cooperación para el Desarrollo Económico (OCDE), en 1999 a la Alianza Atlántica (OTAN), y finalmente en 2004 a la Unión Europea, la principal prioridad de Polonia en política exterior.

A nivel estatal, el año 1991 fue igualmente clave para el fortalecimiento de las relaciones bilaterales con los países que han venido siendo desde el comienzo del proceso de construcción europea la “locomotora de Europa”: Polonia firmó con Francia en abril el Tratado de Amistad y Solidaridad; y en junio con Alemania el Tratado de Buena Vecindad y Colaboración. A este acercamiento le siguió la reunión de agosto en Weimar de los Ministros de Asuntos Exteriores de los tres países, Krzysztof Skubiszewski, Roland Dumas y Hans-Dietrich Genscher, para impulsar la colaboración trilateral, lo que se conoce como “Triángulo de Weimar”. Además, debido a su posición central en Europa, Polonia debe a mirar hacia el sur, a los países que también sufrieron la dominación soviética durante gran parte del siglo XX. Por tanto, con la finalidad de crear un marco regional tras la caída del comunismo y cooperar en un gran número de ámbitos con el fin de su integración en la Unión Europea, los Jefes de Estado y de Gobierno de Polonia, Checoslovaquia (República Checa y Eslovaquia a partir de 1993) y Hungría – Lech Wałęsa, Václav Havel y József Antall – decidieron reconstituir el Grupo Visegrád, que se había originado por primera vez en 1335 como un pacto de no agresión y colaboración entre los reinos medievales de Polonia, Bohemia y Hungría. Estos países acordaron, además, la creación de un grupo de combate, liderado por Varsovia, que debería estar operativo en 2016.

Polonia en la Unión Europea

Ya con Polonia dentro de la Unión Europea, el ex Primer Ministro Jarosław Kaczyński, el cual dirigió el gobierno polaco entre 2006 y 2007, apostaba por el triángulo de Weimar y por el grupo Visegrád como dos de los pilares de la política europea de Polonia a pesar de las tensiones que unían a Berlín con el gobierno y la jefatura de la República de los hermanos Kaczyński, debido al acuerdo de construir el gasoducto por el Báltico desde Rusia a Alemania, prescindiendo de Polonia, así como por las diferencias de percepciones tras la Segunda Guerra Mundial, como los desplazamientos de población. La visión de Europa de Kaczyński y de su partido, “Ley y Justicia” (Prawo i Sprawiedliwość), era la de una Europa intergubernamental, es decir, Estados fuertes y solidarios entre ellos, aunque manteniendo la soberanía nacional como centro de la toma decisiones y lejos de la idea de federación europea[1]. Partiendo de esta base, es comprensible que para este gobierno era inaceptable aceptar el Tratado Constitucional, así como dar pasos hacia la adopción del euro, factor fundamental en la soberanía de un Estado. En materia de seguridad, siempre una de las mayores prioridades de Polonia, eran los Estados Unidos los que garantizaban la seguridad nacional del país.

El nuevo europeísmo polaco llegó a partir de 2007, con la llegada al gobierno de Donald Tusk, del partido “Plataforma Cívica” (Platforma Obywatelska) y su reelección en 2011. El nuevo gobierno apostó por un mayor compromiso con la integración europea. A pesar de no ser aún miembro de la Eurozona, Polonia pidió que los socios europeos que no pertenecen a la unión monetaria participen también en las cumbres en las que se negocian las soluciones a la crisis financiera[2]. Tusk defiende el importante papel que debe representar Alemania por su liderazgo económico en la solución a la crisis, pero también ve necesario que las iniciativas de cara a las soluciones no sólo deben venir del eje franco-alemán sino de todos los miembros de la UE, de tal forma que se tienen que adoptar soluciones que favorezcan el crecimiento económico de todos los socios europeos. De esta manera, rechaza cualquier tipo de competencia entre los europeos, instando a dejar de lado los intereses particulares. Es así como Polonia quiere relanzar la integración europea[3]. Donald Tusk, en 2004, entonces como líder de la oposición, sostuvo que, aunque Polonia, recién incorporada a la Unión, necesita la ayuda de Europa, este país no se integra en la UE para pedir, sino para contribuir a ésta a crear una Europa fuerte con una Polonia fuerte en Europa[4].

Polonia – Alemania 

Palacio Presidencial, Varsovia (Polonia)

Polonia intenta que Alemania permanezca con el mismo compromiso con Europa con el que comenzó el proceso de construcción europea. El Ministro de Asuntos Exteriores polaco, Radosław Sikorski, en un viaje a Berlín en noviembre de 2011, pronunció un discurso sobre Polonia y el futuro de la Unión Europea en el que no sólo se preguntó cómo se ha llegado a tal situación de crisis, sino lo que es más importante de cara al futuro, se plantea hacia dónde quiere caminar Europa, cómo llegar hasta los objetivos planteados, qué es lo que aporta Polonia y cómo puede contribuir Alemania a tal fin. Sikorski destacó la importancia de la ampliación de 2004, alegando que el volumen de comercio entre los quince miembros antes de dicha ampliación con los diez nuevos Estados ha pasado de 51 mil millones de euros en 1995, a 222 mil millones de euros en 2010. El ministro ve necesario recuperar la credibilidad de los mercados en la Eurozona, perdida tras el incumplimiento del Pacto de Estabilidad y Crecimiento también por países fundadores de la UE (como Francia y Alemania), así como avanzar en la integración en distintas políticas que están sin completar: la UE cuenta con una moneda única pero no con un Tesoro europeo, contamos con un espacio sin fronteras pero no con una política migratoria común, tenemos instrumentos para avanzar en la política exterior común, pero la falta de voluntad por parte de los Estados impide seguir dando pasos decisivos en ese sentido. En definitiva, Sikorski afirmó que la mayor amenaza para la seguridad y para la prosperidad de Polonia no es el terrorismo, ni los tanques alemanes, ni los misiles rusos, sino el colapso de la Zona Euro. Por el contenido histórico que supone, la frase que pasará a la historia será aquélla en la que el ministro polaco afirmó temer menos el poder alemán que la inactividad alemana[5].

Por motivos históricos, Alemania es reticente a comprometerse a participar en intervenciones con capacidades militares, tanto en el marco de la Unión Europea como en la OTAN. Varsovia teme los pasos, en materia económica, que Berlín está dando hacia Moscú, en particular, en lo que concierne a los acuerdos energéticos bilaterales que benefician a ambos Estados pero perjudican a Polonia. Visegrád podría ser una reacción preventiva en materia de defensa a este acercamiento alemán a Rusia, tratando de consolidar un grupo de Estados con una historia reciente parecida, que sienten los mismos temores y perciben riesgos y amenazas similares. El grupo nórdico, formado por Suecia, Noruega, Finlandia y Estonia, representaría un modelo a seguir por el grupo Visegrád, con el que comparten preocupaciones, como el aumento del poder ruso, la falta de cohesión europea en materia de seguridad y defensa, y el cada el menor compromiso estadounidense con la región. Teniendo en cuenta que nunca han sido positivas las consecuencias para Polonia de los acercamientos germano-rusos, es perfectamente comprensible que Varsovia tema la falta de actividad alemana en el continente y el acercamiento a Rusia en un momento en el que el nacionalismo ruso, con voluntad de mirar al poder del pasado, está incrementándose. A su vez, Polonia está plenamente comprometida con el proceso de integración europea en todos los ámbitos, especialmente en el de la seguridad y defensa.

La vecindad oriental

Es destacable la tarea que Polonia, desde su adhesión en 2004, está desempeñando en la vecindad oriental de la UE, donde desde este país se promueve la democratización y la europeización. Ucrania, a pesar de ser un país dividido entre la parte occidental, que mira a Europa, y la parte oriental, que prefiere un acercamiento a Rusia, a nivel gubernamental, los gobiernos declaran que el acercamiento a la Unión Europea es una prioridad de Ucrania. El lento proceso de reformas impide una mayor celeridad en este acercamiento, aunque es importante que Kiev mantenga esta prioridad en política exterior dentro de su agenda. Bielorrusia, la última dictadura de Europa, es un foco de atención principal para Polonia, tanto por razones geográficas como políticas y económicas. Iniciativas a nivel bilateral en apoyo a la sociedad civil bielorrusa, así como en el marco de la Unión Europea, tienen como fin la lucha contra el régimen autoritario de Alexander Lukashenko, además de una política europea más restrictiva con respecto a Bielorrusia se ha establecido por iniciativa polaca.

De cara a los próximos años, en materia de seguridad y defensa, Polonia considera importante mantener la confianza en la Alianza Atlántica, pero, al mismo tiempo, apuesta por desarrollar capacidades militares y civiles independientes para la gestión de crisis e intervenciones humanitarias de la Unión Europea, complementando a la OTAN. Por tanto, el desarrollo de la Política Común de Seguridad y Defensa  (PCSD) está en la agenda de Varsovia, así como la Agencia Europea de Defensa.

Pałac Kultury i Nauki (“Palacio de la Cultura y la Ciencia”), Varsovia (Polonia)

El gobierno polaco está comprometido con la integración europea y apuesta abiertamente por la unión política en las prioridades que ha establecido para el periodo 2012-2016 en política exterior, pero sin ver a Europa como un “superestado” que elimine los intereses económicos e identitarios de los Estados miembros. Así, Polonia ve necesario un mercado único efectivo, que incluya un mercado digital único y un mercado energético único; un mercado de trabajo que opere de forma eficiente y sin barreras en la libre circulación de trabajadores reconociendo sus cualificaciones profesionales y transfiriendo los derechos de pensiones; además de la creación de un espacio europeo para la investigación y un ambicioso presupuesto europeo. Es clara la apuesta de Varsovia por la ampliación europea a los Balcanes occidentales y a los Estados de la vecindad oriental, incluida Bielorrusia cuando este país inicie el camino de la democratización. Polonia se compromete a guiar a estos Estados en sus transformaciones políticas y económicas. Por tanto, Polonia representa un papel importante en la Política Europea de Vecindad (PEV) y lo seguirá haciendo, comprometiéndose con las reformas de los países del Este y del Sur del Cáucaso para su acercamiento a la UE mediante la liberalización o la facilitación del régimen de visados, el desarrollo de intercambios culturales, etc. El compromiso de Polonia también se refiere a la gradual implementación de la Estrategia 2020. Además, Polonia quiere adoptar un papel activo en las acciones que lleven a crear un sistema efectivo que controle las inmigración, que garantice la seguridad y que prevenga amenazas terroristas. El gobierno polaco no dejará tampoco de apoyar que la Unión Europea, como actor global que es, hable con una sola voz en organizaciones internacionales, en reuniones del G20, así como en las relaciones bilaterales con los socios estratégicos de la UE[6].

Algunas fuentes diplomáticas han denominado “nuevo eje” en la política exterior europea al formado por Polonia, Alemania, República Checa y Suecia, cuatro Estados que en enero de 2013 han presentado a la Alta Representante para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, Catherine Ashton, un informe no oficial con propuestas para impulsar las relaciones de la UE con los Estados de la Asociación Oriental (Ucrania, Moldavia, Bielorrusia, Georgia, Armenia y Azerbaiján) si éstos llevan a cabo las reformas democráticas necesarias. Algunas de las propuestas consisten en dar pasos para crear un área de libre comercio entre la UE y los países de la vecindad europea, y en mantener un diálogo regular en las reuniones mensuales sobre esta Asociación Oriental. Además de todo ello, Polonia quiere ir más lejos. El ministro Sikorski desearía que la UE prometiera la futura adhesión a la UE de los seis Estados en la cumbre de noviembre de 2013 de la Asociación Oriental[7].

Economía e identidad europea: un compromiso con Europa

Es importante destacar que Polonia fue el único Estado miembro de la Unión Europea que en 2009, el año más duro de la crisis, no sufrió recesión debido al tamaño de su mercado interior, a que su economía está menos expuesta a las exportaciones que otros Estados, a la estabilidad del consumo interno, al debilitamiento de su divisa (el złoty), a las inversiones de empresas constructoras en el país y a la recepción de fondos de la UE para mejorar la competitividad de la economía polaca y las infraestructuras. Ese año, Polonia creció un 1,7%, cuando la media europea se situó en – 4,2%. En 2010 aumentó el crecimiento hasta el 3,9% con una media europea del 2,1%[8]. Los datos económicos positivos favorecen la imagen de Europa entre los polacos. Cuando hablamos de europeísmo, no podemos centrarnos en el nivel institucional o en partidos políticos. Un gobierno o un Estado no pueden por sí solos poner en práctica una agenda europeísta sin el apoyo de la sociedad. Hay que destacar que las tres cuartas partes de los polacos se sienten ciudadanos europeos (74%), mientras que la media europea se sitúa en el 63%. Comparando estos datos, de otoño de 2012, con los ofrecidos seis meses antes, podemos ver cómo el porcentaje de polacos que se sienten ciudadanos de la Unión Europea ha aumentado un 7%, frente a sólo un 2% en toda Europa[9]. Polonia, a partir de la década de 1990 ha querido mostrar sus intenciones europeístas al resto de Europa. Un buen ejemplo de ello es el Campus de Natolin (Varsovia) del Colegio de Europa, que permite no sólo dar a conocer la Unión Europea dentro de Polonia, sino que también muestra el europeísmo polaco a todos los estudiantes provenientes del resto del continente y de sus países vecinos y, por tanto, el importante papel del Varsovia en la vecindad europea.

Bronisław Geremek, líder de Solidarność y posterior Ministro de Asuntos Exteriores de Polonia, declaró que su sueño europeo “es el sueño que Victor Hugo definía como los Estados Unidos de Europa”[10]. Antes, Polonia quería estar en Europa. Hoy, Polonia quiere más Europa. Esta nación no olvida su reciente historia, por eso sabe valorar la importancia de los principios democráticos, de derechos y libertades en Europa, y conoce los riesgos de romper la unidad europea. El nuevo europeísmo polaco de los últimos años ha situado a está nación en primera línea y tiene potencial suficiente para proponer importantes iniciativas a favor de una mayor integración europea. Polonia nunca había dejado de ser europea, y por ello, Europa también se ha reconciliado con su historia.

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Referencias:

[1] Wojna, B., Polonia en busca de su lugar en la Unión Europea, en Real Instituto Elcano, ARI Nº 121/2006, 1 diciembre 2006. Disponible en: http://www.realinstitutoelcano.org/wps/portal/rielcano/contenido?WCM_GLOBAL_CONTEXT=/elcano/elcano_es/zonas_es/europa/ari+121-2006

[5] Discurso de Radek Sikorski: Poland and the future of the European Union, 28 noviembre 2011, Berlín (Alemania). Disponible en: http://ebookbrowse.com/sikorski-poland-speech-on-the-future-of-the-eu-nov-2011-pdf-d328331825

[6] Polish Foreign Policy Priorities 2012-2016, marzo 2012, Varsovia (Polonia). Disponible en: http://www.msz.gov.pl/resource/d31571cf-d24f-4479-af09-c9a46cc85cf6:JCR

[8] P.M. Kaczyński, Poland in the EU: The Green Island, Ministerio de Asuntos Exteriores de Polonia. Disponible en: http://www.mfa.gov.pl/en/foreign_policy/europe/european_union/poland_ineu/poland_in_eu/poland_in_eu

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Acerca de Rubén Ruiz Calleja

Alumnus of the College of Europe (Natolin) - Marie Skłodowska- Curie Promotion 2011-2012.
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