Separatismo y salafismo en el Cáucaso Norte

Autor: Rubén Ruiz Calleja

La inestabilidad del Cáucaso Norte representa la amenaza más directa para la seguridad nacional de Rusia, un enclave donde coexisten grupos separatistas pertenecientes a distintos grupos étnicos y lingüísticos. Los conflictos políticos, étnicos y religiosos representan también una amenaza para los intereses europeos en una región en la que Al Qaeda ha encontrado un asentamiento para, desde allí, expandir su influencia y defender sus objetivos a través de ataques terroristas.

Palacio Presidencial de Grozni en 2005 durante la primera guerra chechena

Chechenia es el territorio norcaucásico más problemático para la Federación Rusa. Militantes chechenos y de otras repúblicas vecinas han llevado a cabo ataques fuera de Chechenia, como el secuestro en un teatro de Moscú en 2002, la matanza llevada a cabo en 2004 en una escuela de Beslán (Osetia del Norte), la destrucción de dos aviones rusos en pleno vuelo en 2004 o las bombas en dos estaciones de metro de Moscú en 2010. Durante los últimos años, la violencia chechena se ha extendido a la vecina Ingusetia, provocando cientos de víctimas. Chechenia reivindica parte de territorio ingusetio y, dado que nunca ha habido un trazado oficial en la frontera administrativa entre Chechenia e Ingusetia, se suceden continuamente conflictos entre ambas repúblicas. En Daguestán ha aumentado la violencia tras la represión en Chechenia, por lo que podemos ver que en Daguestán y en Ingusetia, al contrario que en Chechenia, se ha producido una expansión de la insurgencia islamista violenta. El hecho de que Daguestán es la república norcaucásica con la mayor diversidad lingüística y étnica, aumenta la probabilidad de conflicto. Daguestán fue la puerta de entrada del islamismo en el Cáucaso Norte a través de predicadores provenientes de Arabia Saudí que se establecieron en esta república y cuyas doctrinas radicales ganaron peso en detrimento del sufismo que existía en la región desde hace siglos. Además, en 1998, los islamistas impusieron la sharia en varios enclaves de Daguestán. Con respecto a Osetia del Norte, tras los primeros años de la pasada década con varios ataques terroristas, ha experimentado posteriormente un rápido crecimiento económico y se ha convertido en la república más industrializada y urbanizada del Cáucaso Norte, pudiendo dejar de lado gran parte de la violencia que ha asolado la región recientemente. Al oeste de la república noroseta, Kabardino-Balkaria es el segundo foco terrorista en Rusia tras Daguestán, donde se ha incrementado la violencia a partir de la muerte en 2010 del líder islamista Anzor Astermirov. Finalmente, en la vecina Karacháyevo-Cherkesia se han intensificado los conflictos interétnicos, pidiendo, además, la partición de la república.

Expansión del salafismo yihadista

Al Qaeda busca permanentemente nuevos asentamientos como base para llevar a cabo sus actividades y el norte del Cáucaso es uno de sus objetivos. Las repúblicas autónomas dependen de la administración central de la Federación Rusa, aunque algunas de estas repúblicas están luchando por su independencia. Aunque con objetivos diferentes, Al Qaeda apoya a los grupos separatistas caucásicos para que mantengan la lucha armada contra Moscú y, así, poder asentarse y mantener su influencia en la región.

No es fácil distinguir en el terrorismo norcaucásico entre las motivaciones nacionalistas y religiosas. Los jefes de las guerras chechenas, como Shamil Basáyev, utilizaron una retórica nacionalista victimista frente a Rusia, aunque se fueron viendo cada vez más influenciados por la yihad global. El discurso salafista se ha ido asentando en el Cáucaso Norte a partir de 2007, especialmente en Daguestán. Prueba de ello es la proclamación en ese año por parte del combatiente independentista checheno y asociado a Al Qaeda Doku Umarov del Emirato del Cáucaso, un territorio en el que mantienen su lucha y donde las motivaciones religiosas y políticas se entremezclan. El hecho de que el argumento religioso haya ganado peso en detrimento de la retórica separatista ha provocado posturas de oposición a Umarov por parte de jefes de las guerras chechenas, acusando al autoproclamado emir de haber incrementado la lucha con fines religiosos y de haber enterrado el objetivo original: la independencia frente al poder ruso.

Hoy en día, el crimen organizado internacional está vinculado a algunos grupos terrorista. Por tanto, no hay que descartar la posibilidad de que las redes de crimen organizado puedan proveer a algunos grupos terroristas con armas químicas, biológicas, radiológicas o nucleares. Al Qaeda intentó en 1994, tras la desintegración de la Unión Soviética, adquirir materiales nucleares del mercado negro y a través de redes ilegales. Además, hay que tener en cuenta que el crimen organizado, con bases en Rusia y en las repúblicas de Asia Central, es muy difícil de combatir debido a la falta de cooperación por parte de estos Estados.

La respuesta rusa

Rusia creó en 2010 el distrito federal del Cáucaso Norte con el objetivo de mejorar la coordinación en las operaciones antiterroristas y de estimular el desarrollo socioeconómico de la región a través de financiación por parte de Moscú. A pesar de que se han logrado algunos objetivos concretos, no se puede hablar de un éxito estratégico. Las rivalidades entre los numerosos servicios de seguridad, tanto federales como locales, no han permitido que se establezca una estructura de mando único ni que se comparta la información de cara a las operaciones antiterroristas. Además, la corrupción ha impedido el desarrollo socioeconómico en la región. Vladimir Putin basa su estrategia de pacificación del Cáucaso Norte en la compra de la lealtad de las elites locales mediante subvenciones que provienen del presupuesto federal, dirigentes que deben enfrentarse a las promesas de los predicadores salafistas de eliminar la corrupción y de restaurar los valores del islam “puro”, ideas que encuentran cabida entre los jóvenes como alternativa al actual orden social.

Ramzán Kadýrov, que desertó para pasar al bando de Moscú en la segunda guerra chechena,  preside desde 2007 la República de Chechenia con el apoyo del Kremlin. Kadýrov no duda en realizar concesiones a los islamistas para ganarse el apoyo de la población, como la construcción de inmensas mezquitas. A pesar de que Kadýrov no se ha servido de la religión para mantener su poder político, sí que podría estar empezando a hacer uso del Islam como un instrumento político, de forma que los antiguos combatientes independentistas, los enemigos más directos de Kadýrov, quedarían fuera de combate, mientras que incrementarían su peso social quienes apoyan el Emirato del Cáucaso.

Rusia deberá repensar su estrategia de seguridad antiterrorista, ya que financiar a los gobiernos que luchan contra los movimientos separatistas no hace sino generar más corrupción y, por tanto, un incremento de la actividad salafista y de sus procesos de radicalización, utilizando la lucha contra la corrupción como medio para ganar adeptos y utilizarlos para expandir la amenaza del terrorismo yihadista.

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Este artículo fue publicado previamente en “Miradas de Internacional”:

http://www.miradasdeinternacional.com/2013/05/02/separatismo-y-salafismo-en-el-caucaso-norte/

Fuente de la imagen: Wikimedia Commons

http://commons.wikimedia.org/wiki/File:Evstafiev-chechnya-palace-gunman.jpg

Acerca de Rubén Ruiz Calleja

Alumnus of the College of Europe (Natolin) - Marie Skłodowska- Curie Promotion 2011-2012.
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