Reforzar el vínculo transatlántico: TTIP

Autor: Rubén Ruiz Calleja

Asociación Transatlántica de Comercio e Inversión (TTIP) / © European Union, 1995-2013

Asociación Transatlántica de Comercio e Inversión (TTIP) / © European Union, 1995-2013

“Un acuerdo de libre comercio razonable y equilibrado con Estados Unidos”. Con estas palabras califica el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, cómo debe perfilarse un tratado que se enmarca dentro de las prioridades del nuevo ejecutivo comunitario y que, de ser firmado, creará la mayor área de libre comercio del mundo entre dos economías que suponen en su conjunto el 60% del PIB mundial y un valor del comercio transatlántico actual de 960.000 millones de euros al año.

Durante las negociaciones de la Asociación Transatlántica de Comercio e Inversión (TTIP por sus siglas en inglés), el debate acerca de sus ventajas e inconvenientes está presente en la sociedad europea; una discusión que, de momento, no existe en Estados Unidos. El embajador de Estados Unidos ante la Unión Europea, Anthony L. Gardner, aunque no descarta que pueda aumentar la preocupación en la sociedad estadounidense a medida que se comiencen a aportar detalles sobre la negociación, señalaba recientemente que en Estados Unidos “la idea de firmar un acuerdo de libre comercio con una región con la que compartimos valores no es controvertida“.

¿Por qué el TTIP?

Aunque la idea de un acuerdo UE-EEUU ya se debatía desde hace tiempo en círculos políticos, académicos y empresariales, fue en 2011 cuando se constituyó el llamado Grupo de Alto Nivel sobre Empleo y Crecimiento, presidido por el Comisario de Comercio de la UE y el Representante Comercial de EEUU, con el fin de estudiar qué tipo de asociación podía establecerse entre ambas partes, y qué oportunidades y dificultades podrían plantearse. Este Grupo concluía con la defensa de un acuerdo que abarcara todos los sectores de la economía para intensificar el comercio e impulsar ambas economías y recomendaba la apertura de negociaciones. La crisis económica y la situación de estancamiento en la Organización Mundial del Comercio (OMC) incentivaron la apertura de las negociaciones sobre el TTIP.

La eliminación de las barreras al comercio en un gran número de sectores económicos es uno de los principales objetivos de las negociaciones. Tras las evaluaciones de impacto que ha llevado a cabo la UE, en las que ha estudiado diversos grados de liberalización comercial de la Unión Europea y Estados Unidos, la Comisión Europea concluye que cuanto mayor es la liberalización, mejor es el resultado global. Existen aranceles, normativa innecesaria y restricciones a la inversión en el marco transatlántico que este acuerdo quiere eliminar con el objeto de simplificar la compraventa de bienes y servicios entre la Unión Europea y Estados Unidos. Además del objetivo comercial, la inversión de las empresas en ambas direcciones es, igualmente, objeto de esta negociación.

Pero no sólo son económicas las razones por las que se negocia ahora una asociación transatlántica, sino también geopolíticas. El Pacífico está desplazando al Atlántico como centro de gravedad de la economía mundial debido al creciente protagonismo de los emergentes, los cuales ya no aceptan las directrices y el dominio de los países más avanzados. El investigador del Real Instituto Elcano, Federico Steinberg, sostiene que el TTIP puede verse como “un instrumento para recuperar el liderazgo y, por tanto, lograr mayor influencia en el escenario económico internacional“, algo que ya no pueden hacer en el marco de las negociaciones de la Ronda de Doha. Por tanto, añade que el escenario mundial del comercio podría fragmentarse en grandes bloques rivales en detrimento del multilateralismo de la OMC.

¿Cuál es el contenido principal del TTIP?

Aunque las negociaciones están tratando un amplio número de cuestiones, los elementos esenciales del acuerdo son los siguientes:

Acceso al mercado: A pesar de que los aranceles transatlánticos son ya relativamente bajos (5,2% en la UE y 3,5% en EEUU), el recorte arancelario supondrá un considerable ahorro de costes dado el alto nivel de comercio entre ambas potencias. También se quieren conciliar las normas de origen, abrir un diálogo sobre medidas antidumping y sus sectores de servicios, así como nuevos mercados como el de transportes. Asimismo, es objetivo europeo el reconocimiento de las cualificaciones profesionales en EEUU y el hecho de que las empresas europeas puedan operar con las mismas condiciones que las norteamericanas. De gran importancia resulta, igualmente, lo relativo a la inversión. La asociación transatlántica quiere negociar el máximo nivel de liberalización y de protección de las inversiones, donde se incluirían garantías de protección ante expropiaciones, reglas sobre libre transferencia de fondos y un mecanismo de resolución de litigios entre inversores y estados, con garantías para evitar abusos y salvaguardar el derecho a regular. Finalmente, se desea abrir el mercado de contratación pública estadounidense a las empresas europeas.

Más integración del mercado transatlántico: Se quiere evitar la duplicidad de costes y de trámites en los procedimientos de homologación de productos en las exportaciones, sin que ello perjudique a la protección de la salud, de la seguridad, de los consumidores y del medio ambiente. Para ello, se propone abordar la compatibilidad de normas en sectores como el químico, automovilístico, farmacéutico, sanitario, o de las TIC.

Más cooperación en el establecimiento de normas internacionales:                Aunque en materia de propiedad intelectual e industrial no se pretende una armonización de los sistemas, sí que se quieren corregir las divergencias. Los aspectos sociales y medioambientales del comercio y el desarrollo sostenible pretenden ser también temas de trabajo conjunto.

Dificultades en las negociaciones

Cumbre Unión Europea – Estados Unidos 2014 / Servicios Audiovisuales de la Comisión Europea

Cumbre Unión Europea – Estados Unidos 2014 / Servicios Audiovisuales de la Comisión Europea

En junio de 2013, el Consejo dio luz verde a la Comisión Europea para entablar las negociaciones con Estados Unidos. La comisaria de Comercio (Cecilia Malmström, que ha sucedido a Karel de Gucht) representa a la Unión Europea en las negociaciones, durante las cuales el ejecutivo comunitario mantendrá informados al Consejo Europeo y al Parlamento, instituciones que tendrán que pronunciarse tras la culminación de las negociaciones para poder ser aprobado el acuerdo.

Uno de los problemas que están surgiendo en las negociaciones es el relativo a los contratos públicos. En Estados Unidos existe una legislación que protege a las empresas nacionales ante las extranjeras, de forma que ante un proceso de licitación, la empresa que quiera participar debe estar establecida en EEUU y asegurar que una cantidad del valor del contrato es estadounidense. El objetivo de la UE es que las empresas europeas sean tratadas como las norteamericanas en EEUU.

Tampoco son fáciles las negociaciones en lo que a servicios financieros se refiere. El jefe negociador de la Unión Europea con Estados Unidos, Ignacio García-Bercero, apuesta por incorporarlos en el TTIP y por una cooperación entre los reguladores de ambas partes, así como por el reconocimiento mutuo de equivalencias en el sector financiero, aunque insiste en que la “posición americana continúa siendo bastante reticente“.

¿Qué beneficios para la Unión Europea?

Según el estudio “Reducing barriers to Transatlantic Trade” del Centro de Investigación de Política Económica (CEPR), encargado por Bruselas, la Unión Europea podría obtener con este acuerdo unos beneficios anuales de 119.000 millones de euros (95.000 millones en el caso de EEUU), lo cual representa 545 euros de media para cada familia europea, y de 655 euros en el caso estadounidense. Estos ingresos, añade el estudio, son resultado del aumento del comercio. Las exportaciones europeas a EEUU se incrementarían hasta un 28%, lo que equivale a un valor de exportaciones de bienes y servicios europeos de 187.000 millones de euros adicionales. La reducción de las medidas no arancelarias será una parte clave de la liberalización transatlántica. El 80% de los beneficios potenciales provendrían del recorte de gastos derivados de la burocracia y la legislación, así como de la liberalización del comercio de servicios y la contratación pública. El CEPR también explica en este informe que el aumento de la actividad económica y de la productividad beneficiará a los mercados laborales de la UE y EEUU tanto en salarios como en nuevas oportunidades de trabajo. Además, el PIB europeo aumentaría entre un 0,5% y un 1%.

Sin aranceles ni otras barreras al comercio, Europa venderá e invertirá más en EEUU, lo cual aumentará los beneficios para las empresas y, por tanto, las oportunidades de empleo. La liberalización del comercio incrementará la variedad de productos, por lo que este aumento de la oferta implicará un descenso de los precios. Los ciudadanos europeos nos aprovecharemos de estas ventajas que el libre mercado nos ofrece.

¿Dudas sobre el TTIP?

Hay sectores en Europa que muestran preocupación ante la posibilidad de que cambien las normas vigentes en la UE en materia de consumidores, medio ambiente y protección de la salud. Muchos se preguntan si la UE estará obligada a cambiar la legislación en lo referente a los organismos modificados genéticamente, cómo afectará el acuerdo al medio ambiente, o si las normas de privacidad estadounidenses prevalecerán sobre las europeas. Ante tal preocupación sobre si el TTIP rebajará los estándares de protección europeos, el jefe negociador europeo ha aclarado en una reciente entrevista que “no habrá nada en esta negociación que implique una rebaja de los estándares de protección en Europa, ya sea en materia de calidad, de protección del consumidor, de protección del medio ambiente, de privacidad o cualquiera de los valores que se encuentran reflejados en la legislación europea”. También Juncker se ha pronunciado claramente al respecto: “No sacrificaré los estándares sociales europeos, de salud ni de protección de datos, ni tampoco nuestra diversidad cultural en aras de libre comercio“. Además, a pesar de que es la Comisión Europea la que está negociando el acuerdo, serán los estados miembros y el Parlamento Europeo quienes tendrán la última palabra sobre el TTIP. En cuanto a la preocupación sobre los organismos genéticamente modificados, aunque la agricultura se incluye en las negociaciones del TTIP para aumentar las ventas de productos agrícolas sin barreras, el jefe negociador de la UE ha descartado cambios en la legislación europea sobre transgénicos.

La Comisión Europea ha dejado claro que no se negociarán los niveles existentes de protección, y que el hecho de buscar la compatibilidad en las regulaciones europea y estadounidense significa detectar las divergencias innecesarias, y no buscar un mínimo común a ambas partes. Por ello, desde la Comisión se sostiene que “cada parte conservará el derecho a regular las cuestiones medioambientales, de seguridad y salud al nivel que considere adecuado“.

Parte de la sociedad europea muestra inquietud con respecto al mecanismo de resolución de conflictos entre los inversores y estados (conocido por sus siglas ISDS). El embajador estadounidense ante la UE desmiente que las empresas ganen normalmente frente a los estados o que este mecanismo interfiera en los derechos de los países a legislar. “El ISDS sirve para que el inversor pueda recurrir a él en caso de expropiación, cuando no haya habido un proceso con garantías o cuando no se le haya tratado de forma justa y equitativa“, explica Anthony L. Gardner.

La transparencia en las negociaciones del TTIP es fundamental por las importantes consecuencias que implica para los europeos y estadounidenses. Por ello, la Comisaria de Comercio, Cecilia Malmström, aboga por que la negociación de este acuerdo transcurra de manera diferente a otros tratados comerciales, lo cual significa que “debe negociarse de forma abierta y transparente, dando la oportunidad de opinar a los consumidores, trabajadores, activistas por el medio ambiente, empresarios, ciudadanos particulares o representantes públicos“. Para ello, la Comisión Europea se compromete a publicar las propuestas que la Unión Europea haga a Estados Unidos, así como los documentos relativos las negociaciones del TTIP.

Conclusión

Ante el tamaño de las economías europea y estadounidense, una armonización de sus normativas podría sentar la base para unas “normas mundiales”, puesto que terceros países podrían estar interesados en adoptar tales estándares, simplificando y haciendo más barato el comercio mundial y llegando a áreas, como los servicios, a los que la OMC no ha llegado. Esta organización podría inspirarse en un futuro en las normas del TTIP para poder avanzar, aunque existirán fuertes reticencias por parte de países emergentes a adoptar las normas acordadas por el eje transatlántico.

Lo que está claro es que el TTIP va a redefinir la escena internacional en términos económicos y geopolíticos. Tras años de un relativo declive de la influencia transatlántica y el aumento de protagonismo de potencias como China, India, Rusia o Brasil, el pragmatismo de la Unión Europea y de Estados Unidos ha llevado a la voluntad y a la necesidad de reforzar el vínculo transatlántico a través de este acuerdo de comercio e inversión, cuyas negociaciones están en el punto de mira de todo el mundo.

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Este artículo ha sido publicado previamente en “Miradas de Internacional” en el marco del Especial sobre las prioridades de la Comisión Europea presidida por Jean-Claude Juncker: http://www.miradasdeinternacional.com/2014/12/16/prioridades-cejuncker-una-asociacion-transatlantica-de-comercio-e-inversion/

Especial #CEJuncker: http://www.miradasdeinternacional.com/category/especiales-2/especial-comision-juncker-2014-2019/

Acerca de Rubén Ruiz Calleja

Alumnus of the College of Europe (Natolin) - Marie Skłodowska- Curie Promotion 2011-2012.
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